Si corro hacia el norte puede que deje de recordarte, si me descalzo entonces el calor y los guijarros me dañen los pies y me hagan olvidar ese otro dolor que llevo colgado de mi desde que te fuiste sin decir una palabra y sin mirar hacia atrás.
Según tú nada dejaste tras tuyo, nada que mereciera la pena de tomarte un minuto y de regalar dos palabras. Me desorientaste, entonces después de recibir tu calor debo renunciar, callar y aceptar que ya no estas, que no quieres estar.
Solo me queda el recuerdo de el tiempo que me prestaste y el calor que lleno mis días cuando nadaba mar adentro para alcanzarte y pensaba que de verdad te importaba y mi corazón se hacia palabras para obsequiarte mis sentimientos.
No supe entender tanta desilusión, al final nunca supiste lo que existía dentro en mi, no te detuviste a mirarme. Tu simplemente le pusiste un nombre y lo eludiste...lo ignoraste y te marchaste para no volver, dejando los escombros de tu edificación de aire y agua tras de ti... para no regresar nunca.










