Si corro hacia el norte puede que deje de recordarte, si me descalzo entonces el calor y los guijarros me dañen los pies y me hagan olvidar ese otro dolor que llevo colgado de mi desde que te fuiste sin decir una palabra y sin mirar hacia atrás.
Según tú nada dejaste tras tuyo, nada que mereciera la pena de tomarte un minuto y de regalar dos palabras. Me desorientaste, entonces después de recibir tu calor debo renunciar, callar y aceptar que ya no estas, que no quieres estar.
Solo me queda el recuerdo de el tiempo que me prestaste y el calor que lleno mis días cuando nadaba mar adentro para alcanzarte y pensaba que de verdad te importaba y mi corazón se hacia palabras para obsequiarte mis sentimientos.
No supe entender tanta desilusión, al final nunca supiste lo que existía dentro en mi, no te detuviste a mirarme. Tu simplemente le pusiste un nombre y lo eludiste...lo ignoraste y te marchaste para no volver, dejando los escombros de tu edificación de aire y agua tras de ti... para no regresar nunca.

Me gusta mucho la forma profunda de expresar tu tristeza, tu desilusión y desencanto por ese abandono.Tu huida hacia el Norte me ha impresionado. Felicidades por lo bien que sabes expresar lo que sientes.
ResponderEliminarMe da mucha pena Miguel no tanto por la desilusion que sufriste tu sino por aquel que desaparecio de tu vida privandose de tu calida amistad. Como lo dice Asier, nuevamente has expresado muy bien esta oscura vivencia.
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