Cuando por inercia esperas con paciencia y devoción un atisbo, una muestra en respuesta a tus mil y un detalles, aprendes la importante lección de no buscar lo que los demás no están dispuestos a dar y entonces crece en ti un sentimiento de dolo e insatisfacción.
Buscas por un momento ver en el rostro de aquella persona y miras en sus ojos para ver si notas un poco de agradecimiento o placer por el detalle recibido, !que mezquino¡... pero eres humano antes que nada humano.
La frustración invade cada célula de tu cuerpo y prometes no volver a hacer nada por nadie, sudas tu egoísmo, lo transpiras y tu enojo se vuelve desengaño. Cierras los ojos y aprietas los puños y negando con la cabeza piensas, nunca más.
Aprendes y te dices: " Feliz de aquel que de los demás nada espera", te dices a ti mismo que esperar lo que los demás no están dispuestos a dar es tiempo perdido, te produce infelicidad e insatisfacción. Si quieres vivir así, sigue confiando y procura sentarte para esperar sin cansarte, porque nada recibirás.
Mejor dedica tu tiempo a olvidar que alguien te dará las gracias o tendras algo a cambio de lo dado y vivirás mejor y más feliz y repito, " feliz de aquel que de los demás nada espera".

Sabias palabras.....
ResponderEliminarMuchas veces esperamos que al menos nos agradezcan todo lo que estas dando a esa persona, y eso jamas ocurre.
Y aunque piensas jamas me volverá a ocurrir, cometes el mismo error porque tu naturaleza y corazón es la de entregar todo de tí.
A pesar de esa frustración y desengaño que tu hablas y que son totalmente ciertos, debemos perseverar, ser generosos y a su vez aprender a no esperar ni un gracias a cambio.
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